En la era digital, el concepto de “obra de arte” ha dejado de ser sinónimo de lienzo, escultura o instalación material. Hoy hablamos de obras interactivas, inmersivas, generativas, efímeras, virtuales y basadas en archivos, datos y software. Pero entonces… ¿cómo se certifica su autenticidad? ¿Quién puede valorarlas pericialmente? ¿Cómo se garantiza su integridad?
Estas preguntas ya no son teóricas. Afectan al mercado del arte, a museos, artistas, coleccionistas, plataformas y, por supuesto, al mundo del derecho.
¿Qué es el new media art?
Se entiende por new media art el conjunto de prácticas artísticas que utilizan tecnologías digitales y medios contemporáneos como soporte, lenguaje o concepto. Esto incluye:
- Arte generativo (creado con código que evoluciona por sí mismo)
- Net art (obras concebidas para internet)
- Instalaciones interactivas o multimedia
- Realidad virtual o aumentada
- Inteligencia artificial aplicada a la creación
- NFTs y blockchain art
- Bioarte y arte sonoro digitalizado
Estas obras, por definición, no son fijas ni tangibles, y su conservación o reproducción depende de factores como software, servidores, dispositivos físicos o plataformas online. Esto las convierte en auténticos retos para el peritaje, el coleccionismo y la protección legal.
El problema de la autenticidad: ¿qué se considera “la obra”?
En el arte tradicional, una obra suele tener un original (el objeto físico). En el arte digital, la obra puede estar formada por:
- Un archivo fuente (como un .zip, .mov, .html, .mp4, .js, etc.)
- Un código generativo, que produce una obra distinta cada vez
- Una experiencia de usuario, que cambia según la interacción
- Un entorno técnico específico (pantalla, proyector, sensores, navegador, etc.)
- Un token (en el caso de los NFTs), que actúa como garantía de unicidad o propiedad
Por tanto, el perito debe preguntarse:
¿Qué es “la obra” exactamente? ¿Dónde reside su valor artístico y jurídico?

¿Qué analiza un perito de arte digital?
El rol del perito artístico se ha expandido. Ya no basta con conocer historia del arte y técnicas tradicionales. Hoy se requieren competencias multidisciplinares, como:
Análisis técnico:
- Estructura del archivo (nombre, peso, formato, compresión, resolución)
- Metadatos (fecha de creación, autoría, software usado)
- Hash digital (identificador único que prueba la integridad del archivo)
- Autenticidad del NFT (blockchain, wallet, smart contract, número de edición)
Análisis contextual:
- Proceso creativo del artista
- Documentación curatorial
- Descripción conceptual y estética
- Registro de exhibiciones o versiones previas
Documentación legal:
- Certificados de autenticidad emitidos por el autor o galería
- Licencias de uso (Creative Commons, copyright, copyleft)
- Acuerdos de compraventa o cesión
Casos emblemáticos que marcaron debate
Beeple – Everydays: The First 5000 Days (2021)
Vendida por 69 millones de dólares como NFT en Christie’s. El comprador obtuvo un archivo .jpg y un certificado en blockchain. El archivo es técnicamente reproducible por cualquiera, pero el NFT actúa como prueba de propiedad. El perito digital aquí no evalúa solo el arte, sino el sistema que lo valida.
Refik Anadol – Machine Hallucinations
Obra generada con IA a partir de miles de imágenes. ¿El archivo final es la obra? ¿O lo es el proceso algorítmico? ¿Qué pasa si se modifica el entrenamiento del modelo? La autenticidad reside más en la arquitectura del código que en el resultado visual.
Rafael Lozano-Hemmer – Pulse Room
Instalación lumínica interactiva. La obra requiere tecnología específica (sensores, bombillas programadas, un espacio oscuro). El artista entrega un manual de instalación y certificado digital. Sin ese protocolo, la obra no puede reproducirse correctamente ni peritarse con fiabilidad.
Jenny Holzer – net art y Twitter pieces
Obras que existen solo en redes sociales o como flujos de texto en pantalla. Su preservación y certificación exige archivar la interfaz, el contexto y las condiciones originales de publicación.
El desafío de los NFT: autenticidad ≠ autoría
Los NFT (Non-Fungible Tokens) permiten certificar digitalmente un archivo en blockchain. Pero no garantizan:
- Que el artista sea quien lo ha subido
- Que no existan otras copias idénticas
- Que el comprador tenga derechos de reproducción o exhibición
Por eso, el trabajo del perito en un entorno NFT no es validar la existencia del token, sino conectar el archivo con el autor y su intención original, algo que exige intervención humana y conocimiento técnico-artístico.
Certificación en arte digital: ¿cómo se construye?
Las certificaciones pueden incluir:
- Certificado digital del artista
- Firma criptográfica del archivo fuente
- Token NFT con metadatos vinculados a una wallet identificada
- Documentación técnica y creativa
- Registro en plataformas específicas (como Verisart, Arweave o IPFS)
Además, hay iniciativas internacionales que promueven la certificación estandarizada de arte digital, como:
- Rhizome (New Museum): desarrolla estrategias para la conservación de net art.
- CARARE o Europeana: bases de datos para catalogar y preservar patrimonio digital europeo.
- CADAF, Niio o Feral File: plataformas para exhibición y venta de arte digital con soporte técnico, legal y documental.
Nuevos soportes, nuevas formas de validar
El new media art no puede evaluarse con los mismos criterios que guiaron el mercado y la crítica del arte en los siglos anteriores. Nos enfrentamos a obras que ya no se definen por su unicidad física, sino por su estructura digital, su experiencia interactiva o su carácter algorítmico. En este contexto, aplicar mecánicamente las categorías tradicionales de autenticidad, originalidad o propiedad sería un error conceptual y técnico.
La figura del perito, lejos de desaparecer, se revaloriza y se redefine: ya no es solo un “especialista en arte”, sino un intérprete entre lenguajes. Necesita entender el código tanto como la estética, leer metadatos como antes analizaba pigmentos, y revisar smart contracts con el mismo rigor que una etiqueta de procedencia. Su función no es solo certificar lo que se ve, sino lo que sostiene la obra: tecnología, narrativa, procesos y contexto.
La autenticidad, en este nuevo paradigma, ya no reside únicamente en un “objeto único” o en una firma visible, sino en una red de elementos interrelacionados: el autor y su identidad digital, el entorno tecnológico que permite que la obra exista, el contrato o archivo que establece su trazabilidad, y la documentación que la enmarca históricamente. Es una autenticidad relacional, híbrida y dinámica.
Por eso, en esta nueva etapa del arte contemporáneo, el papel del perito, del jurista y del gestor cultural es más necesario que nunca: deben trabajar juntos para garantizar que el arte digital, por más inmaterial o efímero que sea, siga teniendo valor, sentido… y protección jurídica.
No se trata solo de validar un archivo, sino de reconocer que el arte —también en su dimensión digital— merece un marco de confianza, rigor y preservación que lo proteja frente a la volatilidad del presente.
El futuro del arte no está solo en las pantallas, sino también en quienes saben interpretarlo, archivarlo y defenderlo.
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